sábado, 20 de enero de 2007

Zaplana y Lovejoy



Se parecen, que no?

viernes, 19 de enero de 2007

Woody Guthrie



Si han visto “Cándida”, de Guillermo Fesser, tal vez hayan salido del cine tarareando “This Land is your land”, seguramente la canción más conocida de Wody Guthrie. Su autor tuvo una vida errática, casi vagabunda. Compuso más de 1000 canciones, y es uno de los grandes del Folk americano. Comprometido con la izquierda y precursor de la canción protesta, escribió en su guitarra la frase: “Esta máquina mata fascistas”.

Woody Guthrie pasó gran parte de su vida recorriendo la América profunda. A menudo en trenes de carga o haciendo autostop, pero otras veces de gira, junto a otros cantantes folk. Formó parte de los Almanac Singers, un sindicato de cantantes progresistas que apoyaban con sus canciones y recitales las reivindicaciones obreras. Combativo e inconformista, Guthrie entendía la música como un instrumento cultural, una herramienta para combatir la opresión y el fascismo que, según él, predominaban en la América de los cincuenta. Sus canciones, siempre reivindicativas, mostraban el lado más patético del sueño americano. “Mientras haya naufragios, desastres, tornados, huracanes, linchamientos, precios altos y salarios bajos; mientras existan policías uniformados que combatan a los huelguistas, las canciones y las baladas del pueblo seguirán adelante”, decía en su autobiografía, “Bound of Glory”. En las fotos que se conservan de él, aparece con la mirada desafiante, tal vez achispado por el bourbon, apuntando a la cámara con su guitarra.

La infancia de Woody Guthrie fue, por temporadas, miserable. Con sólo 15 años, encontró su primer trabajo, como limpiabotas. Con 19 se mudó a Texas con lo puesto, a buscarse la vida. Se casó e hizo un primer intento, sin éxito, de dedicarse a la música. Como tampoco conseguía trabajo, siguió hacia el Oeste, hasta California, donde empezó a cantar en un programa radiofónico. Era la época del Dust Bowl, una persistente sequía que obligó a miles de campesinos a emigrar para no morirse, literalmente, de hambre. Guthrie, que cambiaba de ciudad o de Estado cada poco tiempo, lo hacía también de pareja con facilidad. Así, se casó tres veces, y tuvo al menos siete hijos. En 1939 grabó el álbum que le hizo famoso, “Dust Bowl Ballads”, y empezó a escribir una columna diaria en el periódico del Partido Comunista. Además de su activismo político, el gran mérito de Guthrie fue el rescate de canciones populares, algunas de las cuales llegaron a España cantadas por los miembros de la Brigada Lincoln, la formación de voluntarios norteamericanos que vinieron a defender a la República formando parte de las Brigadas Internacionales.

Las canciones de Guthrie, redescubiertas por una nueva generación de músicos folk son habitualmente versionadas, por gente de la talla de Pete Seeger, Peter, Paul and Mary, Dylan, quien siempre le consideró su antecesor, o Bruce Spreengsteen. Todos ellos progresistas, comprometidos en mayor o menor grado. En la película de Fesser, un tal “Pollito de California” le da a “This land is your land” un toque flamenquito, con palmas, al estilo de lo que, hace unos años, hicieron Los Manolos con “All my loving”, de los Beatles. El resultado es sorprendentemente original y muy pegadizo... “in California...”
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1912: Nace en Okemah, Oklahoma. Su infancia difícil le marcará de por vida y le imprime el carácter combativo que demuestra a lo largo de su vida.

1940: El 3 de marzo conoce a Pete Seeger, en un concierto en beneficio de los trabajadores emigrantes. Ese mismo año forman los Almanac Singers, colectivo musical de ideología comunista y sindicalista.

1943: Publicó su autobiografía “Bound for glory”.

1967: Muere en Nueva York, tras doce años en un hospital, víctima de la enfermedad de Huntington.

1988: Es incluido en el salón de la fama del rock ´n roll.

1997: se funda el “Woody Guthrie Festival”, que desde entonces se celebra todos los años a mediados de julio en Okemah, su pueblo natal.

miércoles, 10 de enero de 2007

Carlos Herrera, chistoso

No se puede mostrar la imagen “http://metamedia.fiestras.com/futuretense_cs/Imagen/carlosherrera3.jpg” porque contiene errores.
En su página “Arenas movedizas”, del 7 de enero, Carlos Herrera se hace el gracioso. Pretende reivindicar los best-sellers, perfecto, pero también intenta ridiculizar a aquellos que “consideran que leer es un ejercicio de distinción mediante el cual significarse y diferenciarse de los demás”. Naturalmente, como quien prefiere las comedias de Ozores a las de Woody Allen, o la tortilla poco hecha.

Sugiere que hay quien elige lecturas para dárselas de listo. Pero a él, campechano, le “entretiene” Frederick Forsyth, un inglés, autor de “Chacal”, y considerado unánimemente el heredero de John le Carrè. Para justificarse, Herrera habla de su última novela, “El afgano”, un auténtico tostón. Asegura que disfruta de las enrevesadas tramas, (por qué no?). Alaba lo bien documentada que está, y el tema (el terrorismo islámico), muy actual. Pero una novela no se justifica sólo por la documentación o la actualidad del tema tratado. Si tenéis la mala suerte de leer "El afgano", descubrireis que Herrera miente como un bellaco al asegurar que “el ritmo y la tensión hará que no se despeguen de sus páginas”. El autor ralentiza constantemente la narración, con detalles innecesarios, más propios de un experto en terrorismo (Forsyth lo es, y se empeña en demostrarlo) que de un novelista. Además el protagonista es prototípico, los sucesos verosímiles pero conocidos de antemano y la estructura, confusa.

Aparte de poca gracia, el señor Herrera demuestra tener un dudoso gusto para la elección de sus lecturas.

martes, 19 de diciembre de 2006

Si bebes, no filosofes

O la borrachera antológica de Fernando Arrabal. El mineralismo va a llegaaaaaaaaar.....

lunes, 18 de diciembre de 2006

EL POETA ALTERNATIVO


Esto apareció en El Correo, el domingo 3 de Diciembre, y aunque lo escribí yo, aparecía firmado por Pablo Martínez Zarracina.
Cincuenta años después de la publicación de “Howl” (“Aullido”), se editan simultáneamente una biografía de Allen Ginsberg, considerado uno de los padres espirituales del hippismo y del Flower Power, y una selección de su obra poética.

Imaginen a Walt Whitman vestido de hippy, barrigón como un Buda, con gafas de sol, pinta de predicador y recitando poemas obscenos. El resultado aproximado pudiera ser Allen Ginsberg, un personaje excesivo, que participó activamente en los grupos contrarios a la guerra de Vietnam, y en el Movimiento por los Derechos Civiles, que reivindicaba el consumo de drogas, reconocía abiertamente su homosexualidad y fue arrestado en varias ocasiones. La comparación no es gratuita. Whitman fue su maestro en cuanto a temática y técnica, y en varios poemas, Ginsberg se refiere a él como su “amado padre”. Los dos escribían poesía narrativa y usaban el verso libre, de apariencia espontánea.

Ginsberg, que era capaz de producir largos poemas enumerativos, colocado de peyote, en una sola noche y sin apenas correcciones posteriores, se convirtió, en la década de los cincuenta, en un personaje muy mediático, que trascendió el ámbito literario para transformarse en un “airado mesías urbano”. Sus intervenciones en radio y televisión fueron siempre controvertidas, y sus recitales, verdaderas performances, en las que Ginsberg, apasionado y casi siempre pasadísimo, tan pronto cantaba sus versos como le daba por llorar.

El 7 de Octubre de 1955, en una galería de arte del San Francisco más underground, y con sus amigos Lawrence Ferlinghetti y Jack Kerouac entre el público, Ginsberg soltó un “Aullido” de versos crudos, explícitamente sexuales, y alejados de los estándares y el decoro académicos. Algunos críticos calificaron aquella noche como la del renacimiento poético de la ciudad. El título completo es “Aullido por Carl Salomon”, en homenaje a un demente internado en el mismo psiquiátrico en el que Ginsberg visitaba a su madre. “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas, / arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo...”. Desde el comienzo nos sorprende lo poco convencional de sus líneas, escritas con lenguaje vernáculo (corriente) y en las que el ritmo y las pausas se adaptan a la respiración del lector, un estilo “inventado” por Whitman y que marcaría la poesía contemporánea.

Ginsberg supo ver la importancia que la música popular tuvo en una época marcada por la desilusión política, las drogas y el amor libre. A finales de los 60 pasó temporadas en Inglaterra, conoció a los Beatles, con quienes mantuvo una relación intermitente, y fue la estrella invitada en las movilizaciones a favor de la legalización de la marihuana, que tuvieron lugar en Hyde Park. Ginsberg arengaba a los presentes con un micro y un amplificador, lo que está absolutamente prohibido en los parques ingleses. Cuando la policía llegó para confiscarle el material de megafonía, él les ofreció una flor con una mano, les tendió el micro que llevaba en la otra, y continuó su discurso, ya sin micrófono. De quien sí se hizo muy amigo fue de Bob Dylan. Con él compartió escenarios y kilómetros en la gira “Rolling Thunder Revue Tour”, de 1975. También participó en conciertos de grupos míticos, como los Fugs o Jefferson Airplane. Su poesía ha influido decisivamente en músicos como Jim Morrison o Lou Reed. Con Mick Jagger no colaboró en absoluto, pero sí que era el encargado de pasarle los ácidos, que el líder de los Stones iba a buscar con chofer.

El término beat, que no sólo remite a una generación poética y americana, sino que caracterizaría el modo de vida de un montón de jóvenes en todo el mundo, fue acuñado por Kerouac, y juega con las palabras “beaten” (derrotado, vencido) y “beatific” (beatífico). Los beats eran románticos, inconformistas e ingenuos. Querían cambiar el mundo, odiaban el estilo de vida americano y tuvieron experiencias casi místicas gracias al LSD. Los miembros principales del movimiento fueron Kerouac (“En el camino”), Burroughs (“El almuerzo desnudo”) y el propio Ginsberg (“Aullido”).

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1926: Nace en Newark, New Jersey. Fue un niño tímido y complicado, marcado por los ataques mentales de su madre y por el temprano descubrimiento de su homosexualidad.

1943: Ingresa en la Universidad de Columbia, donde conoce a Jack Kerouac y W.S. Burroughs. Se hacen inseparables.

1965: Es expulsado de Cuba por criticar la campaña de Castro contra los homosexuales.

1970 Conoce al gurú tibetano, Chogyam Trungpa Rinpoche y empieza a interesarse por la filosofía zen.
1974: Le nombran miembro del Instituto Americano de las Artes y las Letras, la mayor distinción para un escritor estadounidense.

1997: Muere de cáncer de hígado en su apartamento.

UN CUENTO

Lo que sigue es un estupendo cuento (como casi todos los que escribe) de Enrique Mochales. Enrique tiene un blog, muy recomendable: www.mondomochales.com en el que incluye relatos, poemas y comentarios muy originales.

NOS CASAREMOS EN LAS VEGAS

"Nos vamos a Las Vegas", acordamos. "Nos casamos". Aquel día lo pasamos en la carretera. Llegamos al hotel y nos desvestimos. Teníamos sueño. Amaneció y nos pusimos de nuevo en marcha. Viaje y más viaje. Piedras y pedruscos. Señales y buitres grises. Atardeció y llegamos de nuevo al motel. "Friedrich", dije, "¿No acabamos de recorrer setecientos kilómetros hoy?". Friedrich bostezó: "Sí". "Entoces", dije yo "¿Por qué pasamos la noche en el mismo motel?" Fijate, el cuadro es el mismo, la alfombra, la cama,todo. Incluso el recepcionista me ha parecido el mismo que el del motel anterior". Friedrich bostezó nuevamente: "Tranquila", dijo, "yo sé lo que me hago". Y nos dormimos. A la mañana siguiente reanudamos el viaje. Yo no decía nada. Pero estaba segura de que todos esos cactus los había visto antes. Y el paisaje no cambiaba nunca, y atardecía siempre sobre aquel bonito motel en el arcén de una carretera repetida. "Friedrich", decía yo, "¿verdad que nos casaremos?". "Sí", contestaba él, "Cuando lleguemos a Las Vegas".